Thursday, December 14, 2017
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Baldomero Macías Alva – Esperiencias de un soldado hispano en la Segunda Guerra Mundial

Baldomero Macías Alva

Baldomero Macías Alva

Aquellos que han vivido en carne propia lo que es ir a una guerra, conocen perfectamente lo que son los transtornos y consecuencias que esta trae. Baldomero Macías Alva sabe muy bien lo que es sentir miedo cuando las balas y bombas pasaron rozando su cuerpo en Bélgica, durante a Segunda Guerra Mundial en 1944. Alva, estadounidense de nacimiento, pertenecía a las tropas aliadas que luchaban por detener el último intento de Adolfo Hitler por ganar la Guerra.

Durante la batalla, parte de la explosión de una Granada lo alcanzó el corazón, pero gracias al chaleco que llevaba puesto y las capas de ropa lo protegieron, solo le queda de recuerdo un pequeño metal en el pecho, que descubrió en 1995, en un chequeo médico. Sabe que está vivo de milagro y tuvo mucha suerte, pues “estuve muy poco tiempo en la guerra, en el primer día de la batalla caí prisionero de los alemanes”.

Reclutamiento

En 1944, Baldomero Macías Alva trabajaba en los astilleros de San Francisco cuando fue llamado por el ejército. Vivía en Mountain View y se fue a trabajar en un rancho, porque a los granjeros no se los llevaban a la Guerra, además él tenía 25 años de edad y era el sostén de sus hermanas menores y su madre. Lo vuelven a llamar y a principios de abril llega a Fort Collection Base y de ahí viaja al campo de entretamiento: Camp Roberts, cerca de Paso Robles, California.

Después de cinco meses de entrenamiento de infantería aprendió a manejar todas las armas de mano, además del rifle, ametralladoras y bazucas. Luego de dos semanas de descanso cruza el país y llega a Nueva Jersey. De ahí parte en barco en una travesía por seis días. Según Baldomero, “en aquel tiempo todos los barcos transportaban tropas, en las que iban alrededor de ocho a diez mil hombres. Viajábamos como sardinas”.

En octubre desembarca en Glasgow, Inglaterra y luego llega a Omaha Beach, Francia. Estos soldados no llevaban ninguna insignia, pues iban como reemplazos y aún no habían sido destinados a un batallón. Al llegar a su destino final en Bélgica, fue asignado a la División 28.

Un poco de historia

“La Batalla del Bulge” se inició el 16 de octubre de 1944 a las 5:00 a.m. Fuí uno de los primeros que recibió los cañonazos, me tocaba estar de guardia de 4 a 6 a.m. Estuvimos todo el día luchando hasta la noche cuando empezaron a entrar los tanques, nos sacaron a la orilla del pueblo y nos metieron en una casa, no volví a ver más gente solamente los que estábamos ahí. Nosotros fuimos capturados el 17 de diciembre a las 3:00 a.m.”, explicó Baldomero Alva. La batalla tomó lugar en Ardennes, Bélgica.

El 16 de diciembre la campaña militar del enemigo atacó a las 5:30 a.m. con tres tropas alemanas que desgarró el frente del Cuerpo VIII de los Estados Unidos. Era una mañana de densa niebla, penetraba solo por el inicio de los flashes de una breve preparación de artillería. Luego vino el asalto de infantería, dejando sentir todo su peso sobre la inmadura División 106 y División 28].

Prisionero de Guerra

Al ser capturados los norteamericanos por los alemanes, son llevados a un cochinero por un día, sin agua ni comida. En la noche los conducen a un pueblo cercano y al día siguiente inician, junto a miles de soldados más, una caminata de tres días con descansos de cinco a 10 minutos.

Por los años que han pasado, Alva, no se acuerda del nombre exacto del pueblo a dónde llegaron después de tres días de recorrido a pie. Era un pueblo grande en donde abordaron un tren y fueron transportados, prácticamente como ganado y sin ningún espacio para descansar o sentarse, a un campo de prisioneros de guerra: “Bad Orb” el 22 de diciembre. Ahí había soldados italianos, franceses, estadounidenses, etc. pero divididos por nacionalidad.

No fueron forzados a hacer trabajos pesados, según Alva, únicamente castigaban aquellos que no querían seguir las reglas o se quejaban de las condiciones. Dormían en catres de madera en compañía de pulgas, garrapatas, chinches y piojos blancos. Les daban dos comidas al día de caldo de papas y carne y una rebanada de pan. “Parecía agua sucia, nunca le ví las papas ni la carne”, subrayó.

Liberación y regreso a casa

Fueron liberados el 1ro. de abril de 1945. “Nos llevaron en camiones a un área donde había baños y carpas. Primero sacaban a los enfermos, yo me di cuenta de eso e hice como que estaba enfermo. De ahí fuimos en avión a las cercanías de París donde estuvimos una semana y media en un campo grande y luego regresamos a los Estados Unidos”, explicó Alva, quien al salir del campo de prisioneros no pesaba más de cien libras y no había tomado un baño en tres meses.

Según Alva, no siguió luchando por haber sido prisionero de guerra, ya que así están hechas las leyes del ejército norteamericano. Al regresar a su país empezó a trabajar en un taller mecánico, oficio que aprendió a los 16 años de edad. La Segunda Guerra Mundial finalizó oficialmente a las 9:04 a.m. el 2 de septiembre de 1945.

Pero, ¿Quién es Baldomero Macías Alva?

Nació en Los Ángeles, California en 1918 de padres mexicanos. En 1930 su padre regresa con la familia a Michoacán por un trabajo que no se logró y así llegan a la Ciudad de México. En 1932 regresan a los Estados Unidos, y su padre empieza a trabajar recogiendo chícharos en Nipomo, California.

No aprendió a hablar inglés hasta los 18 años de edad. Desde muy chico tuvo que trabajar y vivir en diferentes áreas, según la cosecha del lugar.

En 1939, su padre deja a la familia para irse a México y no volvió más. Él toma la responsabilidad de su casa y hermanas menores; es el segundo de siete hermanos y único varón. Por esa responsabilidad no se casó hasta los 41 años de edad, el 5 de septiembre de 1959 con María de Jesús García, Tienen cuatro hijos: Juan Carlos (soltero), Rubén Baldomero, María Catalina (casados) y María Theresa (soltera), “y ningún nieto”, dijo.

A pesar de su escasa preparación escolar, Alva es un hombre con mucha visión e inteligencia. Sacó a su familia adelante y con tenacidad y paciencia llegó a ser plomero, ofiicio que a finales de los años 49 los desempeñaban solamente los estadounidenses de ascendencia europea.

No le gustaba ser obrero ni excavar la tierra, pero cuando estaba en espera de un trabajo mecánico, un amigo le pidió ayuda en construcción. Al principio no quería ir, pero ante la insistencia lo acompañó. Para su suerte conoció a Walter Turner, quien le enseñó la base de la plomería y lo alentó a obtener su licencia como tal, en Sacramento.

En 1952 regresó a Mountain View, donde su familia se estableció finalmente y entró a la Unión de los plomeros, lugar que antes le había sido negado por ser de origen mexicano, pero con su credencial en mano, ya no pudieron objetar.

Con sacrificios compró su casa en la Ciudad de Santa Clara en 1969. Ya antes había comprado dos casas en Mountain View, pero tuvo que venderlas ante la ampliación de una gran avenida.

A mediados de los años 80 compró un rancho en Fresno y vivió con su esposa ahí por 10 años. Ese lugar fue tranformado en plantaciones de árboles de naranja a través de ardua labor. Vendió el rancho y regresó a su casa de Santa Clara para estar más cerca de sus hijos. “Me siento my orgulloso de ellos porque todos son buenos. Cuando cumplí 80 años nos regalaron a mi esposa y a mí un crucero de San Diego a Acapulco. Todos fuimos”, finalizó con su gran sonrisa Alva.

 

 

 

 

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